30 Avenue Montaigne
Adéntrese en el corazón de 30 Avenue Montaigne, esta “pequeña colmena” donde nació la leyenda de Christian Dior hace 75 años.
“Madame Bricard es una de esas personas cada vez menos comunes que sencillamente viven por la elegancia”
Mizza Bricard era una amiga íntima de Christian Dior que había trabajado para la maison Molyneux. Apasionada de las flores y de todo lo que representa el concepto de “chic”, “Madame Bricard es una de esas personas cada vez menos comunes que sencillamente viven por la elegancia”, escribió el modisto en sus memorias.
Madame Bricard, Madame Raymonde y Madame Marguerite formaban el consejo de guerra del estudio y, sin ellas, Christian Dior no habría podido funcionar. Fueron las primeras en ver cientos de bocetos que el diseñador traía de su retiro campestre, y que conformaban las semillas de la colección.
En 1947, Maud Roser era la encargada de diseñar los sombreros; sin embargo, al año siguiente, se estableció un taller de sombreros en la Maison, supervisado por Mizza Bricard. Los bocetos de Christian Dior solían incluir una pista sobre su forma, ya que consideraba los vestidos el elemento que “alcanza la proporción” en la silueta. El diseñador que había comenzado en 1935 como dibujante de sombreros creía que una colección no podía presentarse sin ellos.
El modisto se sumergía en largas conversaciones con Madame Bricard frente a las esparterías, que, al igual que las lonas de los vestidos, servían para crear la forma inicial de los sombreros antes de definir los detalles.
Adéntrese en el corazón de 30 Avenue Montaigne, esta “pequeña colmena” donde nació la leyenda de Christian Dior hace 75 años.